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Lección 6
Las confesiones reformadas en los siglos XVI y
XVII
(Impresión)
(foro
de debates)
5. Confesiones de Europa del Oeste y Noroeste
A partir de mediados del siglo XVI, las congregaciones reformadas del
sur francófono de Holanda formaron una propia iglesia en la clandestinidad.
Esta iglesia se llamaba, según el ejemplo hugonote, la “Iglesia
bajo la Cruz”. En el año 1561, Guy de Bres elaboró para
esta iglesia perseguida la Confessio Bélga (Confesión de
los Países Bajos) que, en parte, se remonta a la Confessio Gallicana.
La Confessio Bélga cuyo original en idioma francés se llama
la “Confession du Foy”, se tradujo al holandés un
año más tarde. Originalmente esta confesión estaba
dirigida al emperador Felipe II y se abstenía de cualquier apologética.
Dentro de poco tiempo, este texto se convirtió en la confesión
decisiva para las congregaciones francófonas valones y, pocos
años después, también para las congregaciones flamencas,
estableciéndose como confesión primero en el Convento de
Wesel en 1568 y después en el Sínodo de Emden en 1571.
Fue ratificada otra vez en el Sínodo de Dordrecht en 1618/19.
Los Cánones de Dort (Dordrecht) del año 1619 son, aparte
del Catecismo de Heidelberg y de la Confessio Bélga, una de las
escrituras confesionales más importantes de la iglesia reformada
holandesa, marcando ya el camino hacia la época de la ortodoxia.
Su origen se debe a la polémica entre los llamados “remonstrantes” (también
denominados “arminianos” según su vocero Arminius)
y los “contra-remonstrantes” (también denominados “gomaristas” según
su vocero Gomarus).
La pregunta de fondo era si Dios elige al hombre porque éste cree
(así argumentaban los remonstrantes o arminianos), o si concede
la fe solamente a los que él escoge (así argumentaban los
adversarios). Esta perspectiva distingue el actuar de Dios (la elección)
del actuar del hombre (la fe), poniendo a ambos en una situación
competitiva. Con los Cánones de Dort, el Sínodo rechaza
claramente la posición arminiana, afirmando que Dios les concede
la fe sólo a aquellas personas que él ha escogido anteriormente.
En el año 1560, cuando la Reforma se estableció definitivamente
en Escocia, el parlamento nacional escocés encargó la elaboración
de una confesión. Un grupo de autores la redactó bajo la
orientación de Juan Knox dentro de cuatro días y el parlamento
la ratificó (no así, en todo caso, la reina María
Estuardo). En sus 25 artículos, esta Confesión Escocesa
o Confessio Scotica representa la doctrina reformada, constituyendo así el
punto de partida de la Iglesia Reformada Escocesa (Church of Scotland).
La confesión se basa en la teología calvinista, distanciándose
con frecuencia y claridad de la teología e iglesia católica
romana.
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De la Confesión Escocesa
No rechazamos arbitraria y precipitadamente lo que fue presentado
por hombres piadosos, que fueron llamados debidamente a un concilio
general,. Pero tampoco nos atrevemos a aceptar sin revisión
seria lo que se nos impone con referencia a un concilio general.
Porque claro está que eran hombres que cayeron en errores
evidentes, incluso en preguntas importantes. Donde un concilio
fundamenta sus decisiones en el testimonio nítido de la
palabra divina, las honramos y las aceptamos sin mayores dudas.
Sin embargo, si estos hombres presentan nuevos dogmas de fe y reglas
que están en contra de la palabra de Dios, encubriéndolas
en el nombre del concilio, las rechazamos rotundamente y las reprobamos
como una enseñanza diabólica que desvía nuestras
almas de la palabra de Dios hacia los inventos y preceptos humanos.
Cada vez que se llamaba a un concilio, esto no se hacía
con el fin de establecer leyes – que no habían sido
ordenadas por Dios – por toda la eternidad. Tampoco se hacía
para inventar nuevos dogmas de fe o para afirmar la palabra de
Dios por la autoridad conciliar o, incluso, para imponernos algo
(en lugar de la palabra divina o su interpretación) que
Dios jamás quiso ni indicó en sus escrituras. Los
concilios, si es que merecen esta denominación, se llamaban,
por un lado, para defender la iglesia contra las herejías
y, por otro lado, para legar a la posteridad la confesión
pública de su fe. Ambos objetivos se fundamentaban en la
autoridad de la palabra divina de las escrituras y no en la opinión
de los hombres que su reunión tuviese el privilegio de la
infalibilidad. Según nuestra convicción, éste
era el motivo más importante de las reuniones conciliares
públicas. Además, existía la necesidad de
establecer un reglamento disciplinario estricto para que en la
iglesia como casa de Dios todo tuviera su debido orden. Sin embargo,
tampoco creemos – y no deseamos que se nos entienda de esta
forma – que es posible prescribir leyes particulares o determinadas
ceremonias que tengan validez para todos los tiempos y lugares.
Como todas las ceremonias son un invento del hombre y, por ende,
son de este mundo, pueden ser cambiadas en el transcurso del tiempo.
Incluso tienen que ser cambiadas, sobre todo cuando fomentan la
superstición en vez de edificar la iglesia.
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Preguntas para profundizar
1. En la Confesión Escocesa, los concilios
son considerados como la autoridad de la iglesia. ¿Qué tipo
de autoridad es ésta?
2. ¿Cuál es la tarea
de los concilios?
3. ¿Cuál es el rol
de las ceremonias eclesiásticas?

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En el siglo XVII, la Confessio Scotica fue reemplazada por la Confesión
de Westminster (Westminster Confession). Esta confesión del año
1647 tiene su origen en el conflicto entre los anglicanos y los presbiterianos
en Inglaterra. En 1643, se había celebrado una alianza entre las
naciones inglesa y escocesa. El Sínodo de Westminster originalmente
tenía por objeto reformar el anglicanismo reinante, pero los presbiterianos
(mayormente escoceses), que tenían la mayoría en el sínodo,
lo usaron para promulgar una confesión presbiteriana, la ya mencionada
Confesión de Westminster. La oposición de los anglicanos
consagró definitivamente la división entre anglicanos y
presbiterianos.
La Confesión de Westminster se caracteriza por la teología
de la alianza orientada a la historia de la salvación, representando
una forma no muy rigurosa de la ortodoxia reformada. En muchas partes,
predominaba la reflexión puritana sobre la santificación
de cada fiel. La Confesión de Westminster, junto al Catecismo
de Heidelberg, se transformó en la confesión matriz del
mundo reformado y en muchas iglesias reformadas anglosajones sigue siendo
hoy día la confesión dominante.
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